DEVALUATED MATTER

Lately we’ve been terribly obsessed with TUMBLR. According to Carlos Monsiváis a passion must not be explained cause it vanishes instantly. However is somehow inevitable not to think how this passion is taking a lot of our time and also, has taken us to brand new places, where other windows open.

We write at W. Benjamin’s shadow. Now that we all posses Originals every re-blog or post makes us feel as contemporary electronic art colectors living in our time; i.e. the time of devaluated matter. Eventough we don’t posses the ‘object’ in a physical form, there it is, hanged in our gallery for our enjoynment. Is this something new or just a symptom of a major deceivement?

Paul Virilio warns us about the possibility of the accident:

One drives at 90 km/h.
Obstacle in our way.
A driver can react and avoid the obstacle.

One drives at 400 km/h.
Obstacle in our way.
The accident is unavoidable.

In the course of a few months, one realizes that the algorithmic growth of our collection also presents the possibility of it’s own accident. In other words: we will never be able to return to our old gallery, cause that would sacrifice the eternal dawn of the new.

Is this a sign of getting old: the sacrifice of something new to experiment only to preserve what’s consistent now in our memory?

Going even further, since many of the images are not hosted in TUMBLR’s server they will eventually disappear: we are building a house we will never inhabit. Or maybe the important thing is not to inhabit this house, but building it (another cliché of contemporary art: the Process! The Process! The Process! [Please notice the capital 'P']).

Every new person we follow increases the flow of graphical information (mostly) nevertheless our synapsis isn’t upgradable …yet. So, it’s overuse -as usual- introduces it’s own accident.

But this accident is also a therapeutic process. Sometimes we think that all this modern distractions separate us from the actual being, but if the sum of all colors is white -and not black-, we have installed our mind into some sort of white cube (like a gallery) where this self-de-contextualization demands a critical evaluation about ourselves, about every tought, or every activity (even if it’s something apparently really ordinary as finding an image and archiving it).

The many interfaces change, but one -still- remains.
We hope that when we realize this, we still belong to the world.

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Hace un par de semanas hemos estado obsesionados con TUMBLR. Una pasión no debe de ser explicada, porque se desvanece, decía Carlos Monsiváis. Sin embargo, nos resulta inevitable reparar en aquello que consume nuestro tiempo y que también nos ha transportado a otros sitios, abre otras ventanas.

Escribimos a la sombra de W. Benjamin. Ahora que todos tenemos Originales -y con riesgo a equivocarnos- cada re-blog o post nos hace sentir a menudo como coleccionistas de arte contemporáneo viviendo en nuestro tiempo; esto es: la devaluación de lo material, el sentido de posesión de algo que no tenemos físicamente y sin embargo esta ahí, colgado en nuestra galería, es ahora de cierta manera, nuestro. ¿Es esto lo nuevo u otro síntoma del engaño?

Paul Virilio nos advierte repetidamente sobre la posibilidad del accidente:

Se conduce a 90 km/h.
Obstáculo en el camino.
El conductor reacciona y evita el obstáculo.

Se conduce a 400 km/h.
Obstáculo en el camino.
El accidente es inminente.

Al paso de unos meses, uno repara en el crecimiento casi algorítmico de nuestra colección que a la vez viene acompañado de su propio accidente. Esto es: jamás podremos regresar a nuestra vieja galería, o de hacerlo sacrificaría la llegada de lo nuevo.

¿Es acaso una señal del envejecimiento: la bifurcación del sacrificio de aquello que está por experimentarse a costa de lo consistente en la memoria?

O incluso, dado que algunas imágenes no están alojadas en dicho servidor eventualmente desaparecerán: construimos una casa en la que jamás viviremos.

Pero habitarla -tal vez- no es tan importante como el proceso de construcción (otro cliché del arte contemporáneo, “ [...] ¡El Proceso! ¡El Proceso! ¡El Proceso! [gritan a lo lejos]).

Cada nueva persona que seguimos no abre la posibilidad de tener más información, por el contrario, la cierra porque nuestra capacidad de sinapsis tiene un natural límite (not upgradable…yet). Es decir, irónicamente al vértigo, el abuso de este medio introduce su propio accidente.

Con él, viene implícita una especie de curación. A menudo creemos que la distracción nos separa de nosotros, pero si la suma de todos los colores es blanco -y no negro-, nos hemos venido a instalar en una especie de cubo blanco -como una galería- donde lo descontextualizado (nosotros) demanda/obliga la autoevaluación del lugar, del pensamiento, del hacer, aunque esto sea algo tan aparentemente rutinario como encontrar una imagen y archivarla.

Las interfaces cambian, pero uno permanece -todavía-.
Esperemos que al darnos cuenta, todavía le pertenezcamos al mundo.

[ BINARY NODE - MMXI ]